Sistemas de gestión: certificar o no certificar

Durante los últimos 14 años en los cuales he desarrollado mi trabajo como consultora (primero en PwC y posteriormente como freelance), he tenido la oportunidad de asesorar a más de 30 empresas en la implantación de sus sistemas de gestión. En todas estas ocasiones únicamente me he encontrado con un caso en el cual la asesoría empezó sin una fecha objetivo para la certificación.

En una época de crisis como la actual, en la que debe mirarse cada céntimo que la empresa gasta o invierte, muchas empresas se plantean si merece la pena implantar y certificar un sistema de gestión.

Desde mi punto de vista, implantar un sistema de gestión no debería ni cuestionarse. Los sistemas de gestión, ya sean de la calidad, del medio ambiente o de la seguridad alimentaria, ayudan a las empresas a ser más eficientes y a mejorar sus resultados. Si estos dos objetivos no se consiguen, el motivo puede ser uno de los siguientes:

  • la empresa no estaba cumpliendo con todos los requisitos que la legislación y los clientes le exigían y la adaptación a su cumplimiento ha supuesto unos costes que no se soportaban antes, o bien
  • la empresa ha implantado un sistema de gestión esencialmente burocrático, únicamente orientado a rellenar un montón de registros y que no le permite aprovechar todas las herramientas de mejora que el sistema proporciona

Hemos de tener en cuenta, además, que en algunas ocasiones la implantación (que no certificación) de un sistema de gestión de la calidad está obligada por la legislación. Por ejemplo, el Reglamento Europeo 2023/2006, sobre buenas prácticas de fabricación de materiales y objetos destinados a entrar en contacto con alimentos, establece que las empresas que fabrican este tipo de productos deben implantar un sistema de aseguramiento de la calidad.

Así pues, la única cuestión sería si debemos certificar o no nuestro sistema de gestión. Responderemos afirmativamente a esta pregunta si contestamos que sí a una de las cuestiones siguientes:

  • ¿mis clientes me lo exigen?
  • ¿no certificarme supone una barrera para optar a proyectos que me interesan (por ejemplo concursos públicos)?
  • ¿necesito la presión de una auditoría externa para tener la disciplina suficiente para mantener el sistema de gestión al día?

Si bien las dos primeras preguntas tienen una respuesta fácil (pero son las que muchas veces han llevado a la implantación de sistemas de gestión que no sirven para nada), la tercera pregunta suele ser la clave para la mayoría de las empresas y no es fácil de contestar. Mi recomendación en este caso sería, dale una oportunidad al sistema de gestión, implántalo, y si en un par de años ves que necesitas esa presión externa, o bien te lo exige el mercado, entonces certifícalo.

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